Cómo pagar sin pagar

Las pymes (y los particulares) seguimos sin liquidez y con dificultades de acceso al crédito. En los últimos tres posts he hablado de posibles vías de financiación alternativa a la bancaria. Hoy quiero ir un paso más allá: os propongo fórmulas que son análogas a pagar, porque sirven para sanear nuestro balance y mejorar las cuentas de nuestra empresa, al reducir las deudas que tiene, pero no obligan a hacer ningún desembolso. La primera de ellas además, nos permite obtener algo a cambio, pero sin hacer un gasto ni un pago. ¿De qué estoy hablando? Os lo cuento a continuación.

1) El intercambio de servicios o bartering. Algo tan sencillo y primitivo como el trueque está cobrando fuerza en la actualidad. Sólo que, a diferencia de las conchas por pieles de los cromañones, hoy en la mayoría de los casos se refiere a intercambio de servicios más que de bienes. Esta figura es la que utilizan los florecientes bancos de tiempo de la economía colaborativa (Pincha aquí para ver los bancos promovidos por el Ayuntamiento de Madrid).  Es también muy conocido en el entorno de la publicidad televisiva, donde es frecuente que se cedan espacios publicitarios a cambio de la producción de un programa. En EE.UU. se manejan importantes cifras en bartering, pero aquí no conozco estadísticas. Obviamente, en este caso es pagar sin pagar porque la empresa no necesita realizar un desembolso para obtener acceso a la prestación de un servicio o la adquisición de un bien. Por tanto, no pierde liquidez, si la tiene y, si no la tiene, no tiene que obtener nueva financiación y pagar intereses y comisiones por ella (suponiendo que se la den). Con el bartering, nuestra situación crediticia no empeora, no se añaden más deudas a nuestro pasivo. Este intercambio es algo que los autónomos hacen de manera intuitiva y casi siempre sin documentar. El último caso que he escuchado (algo cómico pero verídico) es el de una arquitecto que le ha hecho el proyecto de clínica estética a un dermatólogo a cambio de un tratamiento de bótox. Pero, cuidado. En esta España nuestra en que los autónomos no suelen asesorarse y muchas pymes sólo lo justo, hay que recordar que este tipo de operaciones están sujetas a impuestos. Si se realizan entre empresas, no se puede obviar el pago del IVA por ambas partes, por lo que algo de liquidez sí es necesaria. Además, hay que declarar como ingreso el valor del servicio que recibimos, aunque no haya desembolso.

A pesar de esto, creo que puede ser una opción muy interesante y dejo en el aire, como idea de negocio para algún emprendedor avezado, la creación de una plataforma de bartering o banco de tiempo para empresas.

NOTA: Un día después de la publicación de este post descubro a través de un comentario al mismo que ya existe en España una empresa que se dedica a gestionar intercambios de bienes y servicios entre pymes. Se llama WeExchange. El funcionamiento es similar al de un banco de tiempo, pero la pyme indica el precio que le pone a sus bienes o servicios para intercambiarlos. Podéis ver aquí su página web para más información.

2) La compensación de deudas. La recogida en el Código Civil es bastante conocida, pero poco operativa: si tu me debes 200 y yo te debo 100 y ambas deudas cumplen unos requisitos (vencidas, líquidas, exigibles y en dinero o cosa de la misma especie y calidad), compensamos y entonces yo no te debo nada y tú me debes 100. De cajón de madera de pino. En el ámbito de la empresa, si conseguimos compensar una deuda, nuestro balance mejora, porque reducimos una deuda de nuestro pasivo, y por tanto nuestras cuentas tienen mejor aspecto. El tener un menor nivel de endeudamiento nos puede facilitar el acceso a pedir o renovar financiación. El problema suele ser que la empresa A debe 200 a la empresa B y esta le debe 100 a la empresa C. Así no hay manera de compensar, sobre todo si A y C no se conocen y, por tanto, C no tiene por qué fiarse ni por qué aceptar que B, para rebajar su deuda, le diga que a partir de ese momento los 100 se los debe A en lugar de B. Esquema para que se entienda mejor:

-A debe 200 a B

-B debe 100 a C

-B le propone e a C que, como A le debe a él 200, a partir de ahora A le deba 100 a C (y otros 100 a B). Entonces, B ya no le debería nada a C.

Si C aceptara, B se quitaría una deuda por pagar de sus cuentas, y aparecería menos endeudado ante los bancos. Pero yo, si fuera C, no aceptaría la propuesta si no tengo garantías de qué tal pagador es A.

Pues bien, recientemente, en el Salón Mi Empresa de febrero, he conocido a la startup Deudae, que ha ideado una manera de amplificar el alcance y utilidad de la compensación de deudas. Se trata de una plataforma en la que se registran las empresas usuarias y sus facturas, incluyendo las debidas y las pendientes de comprar, con sus importes y empresas acreedoras o deudoras. La idea es ir detectando posibilidades de compensación directa de deudas entre los usuarios registrados. Obviamente, esta idea funcionará cuando consigan un número muy alto de usuarios. Pero, como registran las facturas que las empresas quieren compensar, también hacen una búsqueda activa de las contrapartes, acreedores o deudores, para incluirlas en su base de datos, por lo que se multiplican las posibilidades de éxito. Como ellos dicen, supone pagar con lo que te deben, por lo que la empresa reduce sus deudas y mejora su balance sin ningún desembolso. Cobran sólo si la empresa consigue compensar la deuda. Desde luego que es una idea magnífica, en mi opinión, y espero que prospere. 

NOTA: Ninguno de los enlaces de este blog a fecha de hoy está patrocinado. Los juicios que he expresado se corresponden exclusivamente con mi opinión personal y no me reportan  ningún ingreso de ningún tipo, ni siquiera publicitario.

Fuentes de financiación alternativa para pymes y emprendedores (III)

Esta semana cierro la serie sobre financiación no bancaria con las fuentes a las que pueden acceder los proyectos que necesitan sumas menos importantes de dinero (aunque a través de crowdfunding se han llegado a recaudar cifras millonarias en otros países). Aunque sean de menor importe no son menos interesantes, en mi opinión, sobre todo porque permiten acceder también a financiación a corto plazo que muchas de las vías que expliqué en los posts anteriores no abarcan.

Estas son las que he considerado:

  • El crowdlending (que no crowdfunding). El crowdfunding puede ser un estupendo recurso de financiación. Sin embargo, tiene el problema de que el inversor no obtiene dinero por su aportación, sino otro tipo de recompensa. Esto hace que sólo sea atractivo para determinados tipos de inversores o de proyectos, como los culturales, los de contenido social o los videojuegos. Es decir, le falta un verdadero carácter empresarial, de hecho a menudo a los “inversores” se les denomina mecenas, salvo en el equity crowdfunding, limitado hasta ahora por nuestra legislación. No explico más acerca del crowdfunding porque creo que es suficientemente conocido y porque hay quien ya lo explica muy bien. Para ver los tipos de crowdfunding, pincha aquí. Para listado de plataformas, pincha aquí.

Por el contrario, el crowdlending consiste en que multitud de personas hacen pequeños préstamos a pymes o emprendedores (también a particulares, pero esto no nos interesa a los efectos de este blog). Y lo que obtienen a cambio del dinero que han prestado es más dinero en forma de intereses. Todo se gestiona a través de plataformas web. Se trata de una fórmula que ya mueve mucho dinero en otros países. Sin embargo, en España aún se encuentra muy en sus inicios.

La ventaja para los inversores es que los intereses son mayores de lo que actualmente ofrecen los depósitos bancarios. El inconveniente, en principio, es que, a pesar de que las empresas de crowdlending  realizan un exhaustivo análisis de riesgo y suelen encargarse reclamar judicialmente a los impagados, lógicamente el riesgo es mayor que el de un depósito bancario cubierto por el Fondo de Garantía de Depósitos. Sin embargo, según ciertas fuentes la morosidad en 2013 fue de un 2% en este tipo de préstamos frente al 10% de la bancaria.

Para la pyme que pide el préstamo, la ventaja es que los costes de la financiación son menores que los de la financiación bancaria y además estos préstamos no figuran en el registro de la Central de Riesgos Bancarios. Además, no obligan a la contratación de cuentas asociadas, seguros u otros productos que encarecen la financiación de forma indirecta. El 28 de febrero el Gobierno anunció que iba regular estas figuras de crowdsourcing, pero nadie ha entendido cuáles de ellas en concreto o si todas.

Las plataformas de crowdlending que yo conozco son:

–           Socios Inversores, enfocado a emprendedores. Los considero una plataforma de crowdlending porque permiten al emprendedor ofrecer al inversor que le preste dinero y reciba intereses a cambio, ya sean fijos o vinculados a la marcha de la empresa (préstamo participativo). No obstante, son flexibles y  también permite ofrecer una parte de la empresa (es decir, ser socio y obtener dividendos), o bien casi cualquier opción que se le ocurra como recompensa. Por esto es el más parecido al crowdfunding, aunque mucho más amplio y por tanto, mejor en mi opinión.

–          Comunitae, que presta tanto a particulares como a pymes. Para estas últimas ofrecen financiación de circulante, a corto plazo.

–          Loanbook Capital. Se dirigen a pymes de menos 3 años de antigüedad. Las líneas que tienen son préstamos de 1 a 5 años, descuento de pagarés y líneas de crédito con vencimientos de 60 a 120 días y sin comisión de disponibilidad. El interés lo fijan una vez estudiada la operación y la solvencia de la empresa. Para los inversores ofrecen acceso gratuito a un asesor financiero independiente.

–          Arboribus. El vídeo de su web explica estupendamente el funcionamiento de la plataforma, que fija el interés en régimen de subasta. Ofrecen financiar entre 10.000 y 100.000€ a pymes con cuentas depositadas de al menos dos ejercicios y forma de SL o SA, a devolver en un máximo de 5 años y cubren tanto inversión como liquidez, incluyendo reestructuraciones de pasivo (sustitución de otras líneas financieras existentes por las suyas). Pueden pedir garantías personales dependiendo del análisis de solvencia y las cantidades que se quieran financiar. Cobran una tarifa de apertura si la empresa acepta la financiación y ninguna otra comisión más.

  • La venta de facturas. Cabe la posibilidad de vender facturas cuyo vencimiento está pendiente a fondos de inversión, con un descuento que dependerá de cuánto dinero se quiera cobrar anticipadamente y cuánto plazo quede. En septiembre del año pasado CEOE Internacional firmó un acuerdo con la empresa Aztec Money para promocionar esta posibilidad para empresas exportadoras. El vendedor puede fijar las condiciones que desea obtener y el sistema funciona en régimen de subasta. Las principales ventajas son, aparte de la obtención de liquidez, que no son necesarios avales, que se puede dar de baja al deudor en el balance y que sólo hay que abonar una comisión si la operación se formaliza. El mínimo importe que se puede sacar a la venta es de 35-40.000€, que es una cifra realmente baja, pero habrá que ver qué es lo que despierta el interés de los inversores.

Otras empresas compran facturas vencidas impagadas, pero en este caso, lógicamente por un importe muy inferior a su valor nominal.

  • El user funding y similares. Se escucha también hablar de empresas que obtienen fondos por dos vías que tienen un funcionamiento análogo: a través de una especie de asociados relaciones públicas, que pueden ser los propios FFF (Friends, Fools and Family, o conocidos que invierten en nosotros), y a través de clientes o usuarios. La filosofía en ambos casos es implicar a terceros a través de la obtención de un beneficio económico para que contribuyan a la buena marcha de la empresa. En el caso de los clientes o usuarios, el funcionamiento normalmente consiste en regalar una acción, con la esperanza de que en futuras ampliaciones de capital estos se sientan partícipes y deseen aportar fondos suscribiendo más acciones. En el caso de los que yo he llamado relaciones públicas, se firma un contrato a través del cual estos obtienen una cierta participación por los clientes que aporten al negocio.

Hasta aquí mis aportaciones en la materia. Espero que os hayan servido. ¡Hasta la próxima!

Fuentes de financiación alternativa para pymes y emprendedores (II)

Continuamos esta semana con las fuentes de financiación alternativa para pymes. En este caso las cuantías a solicitar a nuestros inversores no tienen que ser tan altas como en las fuentes de la semana pasada, aunque en algunas también pueden llegar a ser cuantiosas, como en las sociedades o fondos de capital riesgo. El perfil común de las tres vías de esta semana consiste en que invierten en operaciones de alto riesgo susceptibles de generar beneficios muy altos en relación con la inversión. Vamos allá:

  • Los business angels y sociedades de capital riesgo (estas últimas en inglés se diferencian entre venture capital o private equity en función de la fase y las cantidades que inviertan, lo digo por si lo leéis por ahí). En un principio no iba a hablar de esta vía de financiación porque es muy específica y ya conocida en su ámbito, pero después me ha parecido que los contenidos quedarían cojos sin ella.

Explico el mecanismo con el que operan estos inversores para los que no lo conocen. Lo que hacen es aportar capital a empresas adquiriendo acciones, es decir, haciéndose socios. Invierten exclusivamente en proyectos al menos mínimamente testados y muy escalables. Testado significa que no invierten en meras ideas y proyecciones económicas (un powerpoint), sino que hemos tenido ya que vender algo, es decir, demostrar que nuestro producto o servicio despierta interés. Escalable significa que el proyecto es susceptible de generar una curva de ingresos que crece a toda velocidad mientras que la curva de gastos crece mucho más moderadamente. ¿Por qué escogen estos proyectos? Porque la inversión no la hacen con vocación de continuidad en la empresa, para percibir unos dividendos que les reporten unos ingresos adicionales anualmente, como haría mi abuela. Lo que quieren es que las acciones que adquirieron multipliquen su valor para luego revenderlas, saliendo de la sociedad con unas fuertes plusvalías. Para conseguir esto, si el proyecto va funcionando bien, a menudo son necesarias varias rondas de inversión en las que los mismos inversores o bien otros nuevos inyectan cada vez mayores cantidades de dinero.

Este tipo de inversiones son de alto riesgo, y los inversores suelen perder dinero en la gran mayoría. Por eso necesitan que las que funcionan, entre un 10-20% de todas aquellas en las que invierten, sean muy rentables, cubriendo así las pérdidas de las otras y generando además beneficios.

Las ventajas para el emprendedor son muchas: que no es necesario ningún aval; que no hay ninguna otra figura de financiación que aporte cifras tan altas de dinero en un proyecto que está en sus fases iniciales y/o cuyo éxito es muy incierto; que los inversores suelen tener un gran conocimiento del sector en el que invierten y unos magníficos contactos que ayudan a que el proyecto prospere.

La desventaja es que la financiación no es un préstamo que puedas devolver y olvidarte del inversor, sino que supone la entrada de otras personas en nuestra empresa y, por lo tanto, una pérdida de la capacidad de decisión. El inversor pedirá un determinado porcentaje de participación en el capital, que dependerá en cuánto se valore la empresa antes de su entrada. Hay que tener muy claro cuánto porcentaje estamos dispuestos a ceder, y no sólo con el primer inversor, sino en las siguientes rondas, en las que, si todo va bien, cada vez entra más dinero. También hay que tener claro que el inversor sólo entrará en nuestro proyecto si nosotros estamos comprometidos al 200% con nuestro proyecto. Esto significa que nos pedirá que ya hayamos invertido nuestros ahorros en él y que hayamos dejado nuestro trabajo para vincularnos al proyecto. También pedirá que haya un buen equipo gestor, no invierten en proyectos unipersonales. Por último, hay que ver qué cláusulas de penalización o vinculación estamos dispuestos a firmar.

A menudo he escuchado a emprendedores quejarse de que es injusto que estos inversores se queden con una gran parte de nuestra empresa, llegando muchas veces a tener la mayoría del capital y, por tanto, el control, e imponiendo cláusulas que a veces suenan duras. Mi respuesta es que eres tú el que tiene que escoger entre dos opciones:

–  No montar la empresa (porque no tienes dinero) o bien montar una pyme o micropyme, que seguramente será lo que puedas hacer con tus propios recursos. Con esto podrás lograr un medio de vida para ti y puede que para algunas otras personas, y tendrás el total control sobre tu proyecto, lo que es una opción muy legítima.

– Ceder parte de la empresa (a veces mucha parte) para conseguir una fuerte inyección de dinero que pueda llegar a convertir tu proyecto en algo muy rentable y hacerte rico. Es decir, tener un 20% de 10.000.000€ obviamente puede ser más que tener un 100% de 30.000€.

La decisión es sólo vuestra.

Si queréis manejaros entre este tipo de inversores es necesario conocer ciertos conceptos, como las que ya he mencionado de escalable o rondas de inversión, y otras como salidas o exits, es decir, opciones y ventajas para el inversor cuando quiera salir de la empresa vendiendo su participación; dilución, o pérdida de capacidad decisión del emprendedor cuando entran socios inversores no sólo en una, sino en futuras rondas de inversión. Aunque tiene cosas criticables, creo que el programa Tu Oportunidad de TVE es bastante ilustrativo de cómo piensan estos inversores y que por las preguntas que les hacen a los emprendedores se pueden entender mejor todos estos conceptos. En el blog de Javier Megías también tenéis una estupenda explicación.

Aquí tenéis un directorio de redes de business angels en España y aquí otro de distintos inversores que siguen este patrón de compro para revender por lo más posible. Además, aquí una explicación de las diferencias entre los distintos tipos de inversionistas, aunque luego en la realidad se solapan sus ámbitos de acción. El viernes pasado el Gobierno anunció una nueva regulación de las entidades de capital riesgo, incluyendo unas nuevas SCR para pymes. Habrá que esperar a ver en qué consiste.

  • Las family offices. Son empresas que gestionan el patrimonio de familias adineradas. Ya sea por la escasa rentabilidad de otras inversiones o por su incertidumbre o simplemente para buscar nuevos caminos para la inversión, últimamente se están dedicando más a invertir en proyectos de emprendimiento, de la misma manera que lo haría un business angel o una entidad de capital riesgo. A algunas de ellas se les achaca que les faltan la experiencia y los contactos que tienen aquellos y que tanto aportan a los emprendedores novatos. También se escuchan quejas de su férrea supervisión, que se dice puede llegar a entorpecer la marcha del proyecto.
  • Los préstamos participativos. Pueden ser aptos para emprendedores, para proyectos de expansión de empresas existentes o incluso para proyectos de reflotamiento de empresas en situación delicada. La principal ventaja de estos préstamos es que se conceden sin avales, en función de la viabilidad económica del proyecto que se financia. Por eso, en la actual coyuntura de endurecimiento de las condiciones para obtener financiación está aumentando su popularidad. Además, son préstamos, por lo que no suponen la entrada de personas extrañas a la empresa y no nos hacen perder capacidad de decisión.

Se trata de préstamos en los que el interés a abonar se vincula a la marcha de la empresa. Es decir, si no hay beneficio o no se cumplen ciertos parámetros financieros (cifra de ventas, EBITDA, …), no se paga interés, lo que es muy atractivo para el prestatario. En ocasiones hay una parte de intereses que se abona pase lo que pase y otra que se abona sólo si hay beneficios. Este mecanismo de funcionamiento puede suponer una desventaja si la empresa va bien, ya que en este caso el coste total de los intereses puede ser mayor que el de un préstamo normal.

En caso de insolvencia, el prestamista es el penúltimo en cobrar, sólo por delante de los socios (deuda subordinada). Por todas estas características los préstamos participativos son operaciones de riesgo y las conceden sobre todo entidades públicas o participadas. También por este alto riesgo se exige la cofinanciación de los promotores del proyecto o/y de otros inversores. Es decir, que a través de estos préstamos no se puede financiar el total de ninguna operación, sino, a menudo, sólo el 50%. Se conceden a entidades con forma de sociedad (no a autónomos) y se valora mucho a la hora de estudiarlos el perfil del equipo promotor y su vinculación como gestores al proyecto. Los proyectos financiados suelen tener un componente innovador o enfocarse a sectores o acciones determinadas (internacionalizacion, medioambiente, biotecnología,…) y tener unas proyecciones económicas que reflejen un alto potencial de crecimiento.

El préstamo participativo computa en ciertos supuestos como fondos propios, lo que refuerza el aspecto de solvencia de la empresa. Precisamente por computar como patrimonio de la empresa, si se quiere amortizar anticipadamente es obligado hacer una ampliación de capital, es decir, los socios existentes u otros nuevos han de aportar más capital para no perjudicar a los acreedores. Es frecuente que además se imponga una comisión o penalización por la cancelación anticipada. Sin embargo, y continuando con las ventajas, los intereses que se abonan sí son deducibles fiscalmente, al contrario que las aportación de capital para suscribir acciones que hacen los business angels y las sociedades de capital riesgo.

La entidad más popular hoy día para solicitar estos préstamos es ENISA (Empresa Nacional de Innovación, estatal). Tiene varias líneas: jóvenes emprendedores y emprendedores, para fases iniciales; competitividad para proyectos de expansión de empresas ya existentes; y otras específicas para acceder al MAB y al MARF y para fusiones y adquisiciones. En teoría, los proyectos tienen que ser innovadores, pero la realidad es que no suele haber tanto proyecto innovador, por lo que a menudo queda algo de presupuesto para otro tipo de proyectos.

El mecanismo para la solicitud es presentar un proyecto en una plantilla que está en su web. Ellos lo examinan y, cuando se liberan los fondos (el año pasado fue en septiembre), conceden los préstamos a los mejores proyectos. Esto significa que si necesitamos el dinero para mayo mejor nos olvidamos de ENISA. Se oyen rumores de que los intereses para este año serán peores que para 2013.

Otras entidades que conceden préstamos participativos (algunas también funcionan como entidades de capital riesgo):

– Estatal: Cofides (Compañía Estatal de Financiación del Desarrollo, SA). Para internacionalización.

–  Axis Participaciones Empresariales, del ICO, ámbito nacional.

–  Caixa Capital Risc. De Caixa Bank, invierten como sociedad de garantía recíproca pero también con préstamos participativos.

– País Vasco: Luzaro

– Asturias: SRP (Sociedad Regional de Promoción del Principado de Asturias)

– Cataluña: ICF (Institut Català de Finances). Conceden préstamos cofinanciando proyectos que tengan apoyo de business angels.

Esta serie acaba la próxima semana con las fórmulas para financiar las cantidades más bajitas. ¡Hasta entonces!

Fuentes de financiación alternativas para pymes y emprendedores

El acceso de pymes y emprendedores al crédito bancario sigue siendo un problema que nuestros sesudos gobernantes no son capaces de resolver por ahora, aunque no paren de decir que están adoptando medidas para que fluya el crédito..

En noviembre el Banco Santander y el Banco Europeo de Inversiones firmaron un acuerdo en el que liberaban 128 millones de euros para que la financiación llegara a las pymes, diciendo que se ampliaría a 400 más por cada uno de los firmantes del acuerdo. Esta es la única noticia que he escuchado sobre destino de un volumen importante de fondos para el crédito a pymes, aunque hasta la fecha no conozco a nadie que lo haya aprovechado. Bienvenidos comentarios de cualquiera que haya tenido acceso a estas líneas y nos comente su experiencia, sobre todo en cuanto a cómo de duras han sido las condiciones que les han pedido para concederles la financiación.

Dado que el tema de la financiación bancaria sigue bastante espeso, quería reunir en un post y comentaros algunas vías de financiación no bancaria para pymes. Todo parece indicar que seguirá creciendo el porcentaje de financiación no bancaria sobre la bancaria, lo que nos aproximará a cifras de la mayoría de países de nuestro entorno. Al final, intentando que la información fuera lo más completa posible, el post se me ha ido de las manos y no será uno, sino una serie de tres.

Algunas de las fuentes que citaré son relativamente nuevas, otras se han mostrado en la actualidad como mejores alternativas de lo que eran antes y otras simplemente son poco conocidas. Las ordeno de mayor a menor tamaño de las empresas que pueden acceder a ellas y del volumen de financiación al que se puede acceder con cada una, aunque esto es muy relativo.

Empezamos:

  • El MARF (Mercado Alternativo de Renta Fija) se puso en marcha el 7 de octubre de 2013 como una de las medidas estrella en materia de financiación que incluyó la Ley de Emprendedores. La idea es que inversores cualificados (inversores institucionales, sociedades no financieras, PYMES que lo soliciten y se inscriban el registro de inversores cualificados o personas físicas que cumplan ciertos criterios y se inscriban el registro de inversores cualificados) aporten financiación a medio y largo plazo a las pymes españolas. La financiación se obtiene a través de la emisión de bonos o pagarés, según la deuda se asuma a largo o a corto plazo, por un importe a partir de 10.000.000€ y por cuya adquisición la empresa emisora ofrece un interés determinado. Por tanto, la emisión de estos bonos no supone la entrada de nuevos socios en el capital de la empresa. Se estima que el coste de esta financiación, entre oferta realizada necesariamente a través de un asesor registrado e interés ofertado, son muy atractivos para la entidad emisora. El inversor ha de adquirir un mínimo de 100.000€. Las empresas que quieran acceder a este mercado han de ser SA con un rating acreditado de al menos B, un EBITDA entre 12 y 400 millones de euros y su sociedad matriz no puede ser extranjera ni cotizar en el IBEX. Por lo que los expertos consideran que alrededor de entre 800 a 1.000 empresas españolas podrían beneficiar de esta nueva fuente de financiación, aunque el número baja a 100 cuando estiman el número de empresas realmente preparadas. No son muchas, ¿verdad? Pues además, desde octubre hasta hoy sólo una empresa ha sacado bonos al MARF colocando 50 de los 75 millones de euros que ofertó. Veremos, pues, si se cumplen esas estimaciones de que este nuevo mercado podía movilizar hasta 1.000 millones el primer año. Se han puesto unos requisitos muy exigentes para que la deuda emitida sea de calidad, pero con ello se ha excluido al grueso de nuestras empresas. Necesitamos que también inventen otros mecanismos que abarquen a una parte mucho mayor de nuestro tejido productivo.
  • El MAB (Mercado Alternativo Bursátil). Funcionando desde 2008, se creó como una especie de Bolsa Menor para las empresas que querían captar capital de inversores externos pero no tenían el volumen necesario para acceder a la Bolsa. No está pensada para emprendedores ni empresas muy pequeñas, dado que para entrar hay que ofertar al menos 2.000.000€. Para que un inversor esté interesado en suscribir acciones de una empresa pensando que le puedan generar dividendos, esta tiene que tener una cierta trayectoria y un proyecto definido de expansión. Actualmente hay 23 empresas cotizando en el MAB. La mayoría tiene menos de 10 años. Son casi todas medianas y no hay ninguna micropyme. Es necesario ser SA y seguir un procedimiento que ha de gestionar una consultora registrada y cuyos costes son de entre un 8 y un 10% del volumen de la inversión que se pretende captar. Es un mercado capaz de lo mejor y lo peor: en 2013 hubo dos empresas que ganaron un 500 ó un 700%, pero sólo hay 10 empresas que den beneficios desde que salieron a esta bolsa y algunas han entrado en concurso de acreedores.
  • Las sociedades de garantía recíproca. La mayoría tienen capital público. Su misión no es financiar, sino avalar a pymes y emprendedores para que estos, con ese aval, puedan obtener financiación de bancos. La mayoría son públicas. Para avalar, nos obligan a comprar una parte de su capital, alrededor de un 2% de la cantidad por la que nos avalan, por ejemplo, si pido que me avalen 1.000.000€ tendría que comprar 20.000€ en participaciones de la sociedad de garantía. Esto operaría como una especie de depósito: si devuelvo el préstamo y, por tanto, el aval no se ejecuta, me recompran las participaciones. Si no lo puedo devolver, pierdo ese depósito. En teoría, con esos depósitos de muchos se cubrirían los impagos de unos pocos y el sistema sería sostenible. La realidad es que alguna sociedad de garantía recíproca autonómica ha llegado a quebrar y a fecha de hoy siempre nos piden un contraaval para avalarnos. Es decir, si quiero que me avalen, primero tengo que avalar yo. ¿Absurdo? Si tengo fondos para avalarme a mí mismo, ¿para qué voy a utilizarlos y bloquearlos para que otro me avale? Bien, puede interesar porque si la empresa tiene una cierta trayectoria y números decentes, el contraaaval que me piden no es por el 100% de la cantidad por la que me avalan, sino menor, por lo que pierdo menos liquidez que si avalo yo directamente ante el banco la totalidad.

En mi opinión, el gobierno debería dotar más fondos para este tipo de avales, ya que son una estupenda herramienta para abrir vías a la financiación. Actualmente, la mayoría de ellas, aparte de avalar (con contraaval), dotan fondos para que podamos pedir financiación a unos tipos y comisiones más bajos que los del mercado.

Pincha aquí para listado de Sociedades de Garantía Recíproca.

La semana que viene, los business angels y entidades de capital riesgo, las family offices y los préstamos participativos.

¡Buena semana!