Post financiación alternativa publicado en Basepyme

Buenos días.
Os copio el texto de mi post publicado originalmente en Basepyme, la web dedicada a pymes del Banco Popular. Si la visitáis, veréis que es una web con formato tipo periódico que tiene artículos interesantes para las pequeñas y medianas empresas.

Aquí va el texto:

Las empresas tienen diferentes maneras de conseguir recursos económicos sin tener que acudir a la banca. La asesora empresarial Isabel Blanco resume qué alternativas existen y para qué sirve cada una de ellas.

La oferta financiera a disposición de pymes y emprendedores no se limita a la banca. A todos los productos que ofrecen las entidades se suman alternativas como el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), las sociedades de garantía recíproca (SGR), los préstamos participativos o los Business Angels. Unas alternativas de financiación que explicamos y analizamos a continuación:
1. Los mercados alternativos. El MAB (Mercando Alternativo Bursátil) y el MARF (Mercado Alternativo de Renta Fija) se crearon como plataformas alternativas a la bolsa para que las empresas que no alcanzan los volúmenes suficientes como para cotizar en ella tuvieran la opción de captar fondos con los que financiar sus planes de expansión. ¿En qué se diferencian?

En el MAB, conocido como la bolsa de las pymes, se ofrecen acciones de las empresas que cotizan para que los inversores las compren y tomen participación en su capital con las esperanza de obtener dividendos en algún momento, igual que en la bolsa tradicional. Entre sus 26 integrantes encontramos, sobre todo, empresas de mediano tamaño.

En el MARF, sin embargo, se ofrecen bonos o pagarés que no dan participación en el capital de las empresas, sino que suponen una mera emisión de deuda por la que se paga un interés. Para entrar en este mercado se exigen unos requisitos muy exigentes y unos beneficios (EBITDA) de, al menos, 12 millones. La participación en este mercado queda limitada a los “inversores cualificados”, es decir, los profesionales).

2. Las sociedades de garantía recíproca. De capital público, su función es avalar a pymes y emprendedores para que estos, con dicho aval, puedan obtener financiación bancaria. La empresa avalada debe adquirir participaciones, en torno a un 2% de la cantidad por la que es avalada.

El importe que abonamos por la compra de participaciones de la SGR es una fianza: si se devuelve el préstamo, la SGR recompra sus participaciones a la empresa avalada, pero si no se puede devolver el préstamo, se pierde el importe de compra de las participaciones. En un entorno empresarial saneado el sistema sería sostenible.

Después de que alguna sociedad de garantía recíproca autonómica quebrara, el Gobierno aumentó por Ley sus capitales mínimos y garantías obligatorias y, además, por si acaso, actualmente las SGR solicitan contraavales antes de acceder a avalar a una empresa. Si el contraaval es de menor importe de la cifra por la que la SGR la avalará, la operación puede ser interesante, porque adicionalmente, las SGR suelen tener convenios con entidades bancarias para facilitar el acceso a líneas financieras más baratas.

3. Los business angels y sociedades de capital riesgo. Este tipo de inversores adquiere acciones en procesos de ampliación de capital de sociedades para inyectarles fondos que contribuyan a su rápido crecimiento. Sólo invierten en proyectos muy escalables o gacelas, es decir, proyectos en los que los ingresos pueden crecer exponencialmente mientras que la curva de gastos crece de forma moderada, y que por ese mismo perfil son proyectos de alto riesgo.

Estos inversores no tienen vocación de continuar en la empresa para percibir dividendos, sino que buscan revender sus acciones y salir de la sociedad con unas fuertes plusvalías.

Las empresas pueden obtener de estos inversores altas cifras de dinero sin avales sobre proyecciones financieras aunque la trayectoria de la empresa sea corta, eso sí, basadas en datos reales de facturación o contratos ya firmados. La desventaja es que los fondos obtenidos no proceden de un préstamo que se pueda devolver, sino que supone la entrada de socios extraños a nuestra empresa con la consiguiente pérdida de la capacidad de decisión.

4. Los préstamos participativos. Estos préstamos se conceden sin avales a proyectos con un perfil similar a los del apartado anterior (gacelas). Pero son préstamos, por lo que no suponen la entrada de personas extrañas a la empresa y no hacen perder capacidad de decisión.

Si no hay beneficio o no se alcanzan ciertos parámetros financieros (cifra de ventas, EBITDA…) sólo se abona una parte fija de los intereses, normalmente de bajo importe. El inconveniente es que si la empresa marcha bien, el coste financiero puede ser mayor que el de un préstamo normal, ya que hay un interés variable que se vincula a la rentabilidad del proyecto.

5. El crowdfunding. Con la reciente regulación de esta figura el Gobierno ha ampliado las posibilidades de utilizarla. En la denominación se incluyen distintas fórmulas que tienen en común el hecho de que los fondos provienen de una diversidad amplia de diferentes sujetos y que se gestiona normalmente a través de una plataforma web. En esta alternativa encontramos tres grandes tipos.

Uno de ellos es el crowdfunding de recompensa, donde el inversor (casi un mecenas) recibe el producto o servicio a cambio de una aportación económica, pero no recibe dinero. Otra opción es el crowdlending, en el que el inversor es un prestamista que percibe intereses por fondos prestados. Para diversificar el riesgo, se aportan pequeñas cifras a diferentes proyectos. La plataforma de crowdlending ayuda a evaluar el riesgo de las inversiones. Y, por último, está el equity crowdfunding. En este caso sí hablamos de inversión en el capital de la empresa, a cambio de lo cual espera recibir una retribución similar a los dividendos, que tiene alguna relación con el beneficio de la empresa.

La utilización de fórmulas de financiación bancaria no excluye la de fórmulas de financiación no bancaria, ni al contrario. Es más, analizando el perfil de la empresa, sus proyectos e inversiones, se podría hacer una hoja de ruta en la que se decidiera cuáles de todas las fórmulas disponibles se deberían utilizar en los próximos años de vida de la empresa.

Artículo escrito por Isabel Blanco, asesora de empresas y editora del blog Fan de la pyme.

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